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Lanzarote: El Legado de César Manrique

24 abril, 2019

César Manrique

Para mí, era el lugar más bello de la tierra. Y me di cuenta de que, si ellos eran capaces de verlo a través de mis ojos, entonces pensarían igual que yo. (César Manrique).

Lanzarote puede entenderse como una isla modelada por un artista. La influencia de César Manrique no pasa desapercibida para ningún viajero que llegue a Lanzarote. Su obra y su visión de la relación entre la naturaleza, el hombre y el arte, impregnan muchos de nuestros rincones.

César Manrique (1919-1992)

César Manrique Cabrera nació el 24 de Abril de 1919 en Arrecife (Lanzarote), hijo de Francisca y Gumersindo. De padre representante de comercio, en el ramo de la alimentación, y abuelo notario. César precedió solo algunos minutos a su hermana gemela Amparo. Tenía otra hermana y hermano, todos los cuales aún viven.

Los Manrique constituían una familia típica de clase media, sin agobios económicos. En el año 1934, su padre compró un solar en Caleta de Famara y construyó una casa junto al mar. Esta casa marcó mucho en su vida, rememorando con fruición: » La alegría más grande que tengo es la de recordar una infancia feliz, veraneos de cinco meses en La Caleta y en la playa de Famara, con sus ocho kilómetros de arena fina y limpia, enmarcada por unos riscos de más de cuatrocientos metros de altura que se reflejan en una playa como un espejo. Esa imagen la tengo grabada en mi alma como algo de una belleza extraordinaria que no podré borrar en mi vida.»

Participó en la Guerra Civil española como voluntario del lado franquista. Su experiencia de la guerra fue atroz, y nunca quiso hablar de ella. En el verano de 1939, una vez concluida la guerra, César regresó a Arrecife. Llegó vistiendo aún el uniforme militar. Tras besar a su madre y a sus hermanos, subió a la azotea de la casa, se desnudo, pisoteó con rabia la ropa, la roció con petróleo y le prendió fuego.

Terminada la Guerra Civil, ingresó en la Universidad de La Laguna para estudiar Arquitectura Técnica, que a los dos años abandonaría. En 1945 se traslada a Madrid para entrar becado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde se graduaría como profesor de arte y pintura.

En otoño de 1964, siguiendo los consejos de su primo Dr. Manuel Manrique Psicólogo y escritor en New York, marchó a esta ciudad, donde estuvo hasta verano de 1966. Gracias a su primo Manuel, consiguió una generosa beca en el Institute of International Education que patrocinaba Nelson Rockefeller. Ello le permitió alquilar su propio estudio y empezar a pintar una amplia obra que fue exhibida con éxito en la prestigiosa Galería en New York «Catherine Viviano».

Estando en New York, escribía a su amigo Pepe Dámaso «(…) más que nunca siento verdadera nostalgia por lo verdadero de las cosas. Por la pureza de las gentes. Por la desnudez de mi paisaje y por mis amigos (…) El hombre no fue creado para esta artificialidad. Hay una imperiosa necesidad de volver a la tierra. Palparla, olerla. Esto es lo que siento.» Comenzó a sentir nostalgia de Lanzarote.

“Cuando regresé de New York, vine con la intención de convertir mi isla natal en uno de los lugares más hermosos del planeta, dadas las infinitas posibilidades que Lanzarote ofrecía».

Al regresar de Estados Unidos, empezó su campaña de sensibilizar a la gente de la Isla de Lanzarote para respetar el estilo Tradicional Arquitectónico. Iba explicando a sus paisanos que no debían derribar las casas o una parte de ellas en mal estado para construir un garaje o una ampliación, empleando aluminio en vez de madera. Igualmente convenció al Gobierno de la Isla para que erradicaran el uso de las vallas publicitarias del paisaje y de las carreteras.
Y esta es realidad actual: Es imposible imaginarse Lanzarote tal y como es hoy sin César Manrique. Era pintor, escultor, arquitecto, ecologista, conservador de monumentos, consejero de construcción, planeador de complejos urbanísticos, configurador de paisajes y jardines.

Quienes conocían a Manrique sólo superficialmente ignoraban la carga de puritanismo que ordenaba su conducta. Manrique fue realmente un hombre frugal; no bebía alcohol, no fumaba ni permitía fumar junto a él, se acostaba regularmente muy temprano, y madrugaba, comenzando muy pronto su trabajo en el estudio.

¿Qué era realmente Manrique?

Esta pregunta constituyó durante algún tiempo un tópico de discusión, especialmente relacionada con su actividad arquitectónica, de la que se le negaban unos conocimientos precisos. César no entró nunca en este juego; afirmaba de sí mismo que era un artista y se expresaba en cada momento con los medios que cada momento creía oportunos.
La más importante obra de arte de César Manrique es Lanzarote. Su influencia y su obra han marcado el aspecto externo de la isla.

Ya cuando estudiaba en la Universidad de La Laguna, en Tenerife, tenía discusiones con los estudiantes pues consideraban a Lanzarote como una isla llena de aulagas y boñigas de cabra. ”Para mí era el lugar más bello de la Tierra y me di cuenta de que si ellos eran capaces de de ver la isla a través de mis ojos, entonces pensarían igual que yo. Desde entonces me propuse mostrar la belleza de Lanzarote al mundo».

Su primera obra fue los Jameos del Agua, quizás la más espectacular. Realizó una vivienda de estilo típicamente lanzaroteño que sirviera de modelo y ejemplo, la Casa del Campesino. Sus creaciones integradas en la naturaleza destacan por su sencillez. Como Arquitecto interiorista lograba una armonía de espacios y volúmenes, citemos el interior del Mirador del Rio. Su deseo de vivir con la lava lo realizó en su propia casa en el Taro de Tahiche. Una belleza única y un ejemplo de integración de una vivienda en la naturaleza, constituyendo un oasis en medio de un río de lava azul-negra petrificada que posteriormente se convertiría en La Fundación César Manrique.

Excursión por las obras de César Manrique

La Fundación César Manrique se ubica en la casa-estudio que habitó el artista, situada en el Taro de Tahíche (Lanzarote).Quizás sea la obra que mejor representa los ideales personales y artísticos de Manrique. Edificada en 1968 sobre una colada lávica de la erupción ocurrida en la isla durante 1730-36, aprovecha, en el nivel inferior, la formación natural de cinco burbújas volcánicas, para configurar un espacio habitable. Por su parte, el exterior de la casa y nivel superior está inspirado en la arquitectura tradicional de Lanzarote. La Fundación César Manrique, creada en 1992, es una institución privada sin fines lucrativos. Su ámbito es internacional. En la actualidad, recibe más de 300.000 visitantes al año.

César Manrique falleció a los 73 años en un trágico accidente de tráfico, el 25 de Septiembre de 1992.

Lanzarote: El Legado de César Manrique
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